Elizabeth Butler

Letters from the Holy Land, Londres, 1903

Elizabeth Southerden Thompson (Suiza 1846, Irlanda 1933), mejor conocida como Lady Butler, es una conocida pintora inglesa especializada en pintar famosas campañas y batallas militares. En 1891 se dirigió a la Tierra Santa con su marido, el oficial del British Army, William Francis Butler, y durante cuatro semanas pudo pintar algunos de los lugares más importantes de la cristiandad. Esta experiencia la marcó de tal manera que decidió publicar las cartas que en aquella ocasión escribió a la madre, Christina Thompson. En una carta se detiene para hacer una larga narración sobre su primera visita al Santo Sepulcro que realizó con gran emoción a penas llegaron a Jerusalén.

7 de abril de 1891

[…] No penséis que la Iglesia esté erguida imponente en altura e impresione a quien la observe con sus dimensiones. Se llega hasta la fachada bajando por la colina al lado de otros edificios. Lo que realmente sorprende con una fuerza de persuasión extrema es su antigüedad y su ser informe, ya que inmediatamente se comprende que la Iglesia existe exclusivamente para custodiar los lugares que contiene y, como consecuencia, no puede tener ninguna simetría arquitectónica, ni una planta definida: sus enormes dimensiones son necesarias para poder alojar las Capillas situadas en el Calvario y en el Santo Sepulcro y muchas más, erigidas por la Emperatriz Elena en cada uno de los lugares sacros que, con tanta premura se cercioró de su identidad.

[…] La gran cúpula central de la iglesia se encuentra sobre la capilla del Santo Sepulcro situada en el amplio espacio central, un precioso cofre que custodia la roca venerada como Tumba de Nuestro Señor y su antecámara. Se entra en la antecámara y, arrodillándose, se procede de rodillas hasta el sepulcro. La pequeña, baja tumba excavada toscamente en la roca se encuentra a la derecha, recubierta por una lastra de piedra consumada por los labios de los innumerables peregrinos que la han visitado a través de los largos siglos de la era cristiana. Un monje hace guardia y a su lado a penas hay sitio para una persona. Son tantas las veces que he intentado contarte los pensamientos y sentimientos que viví en los breves momentos de mi primera e impresionante visita, pero no me es posible, y puedes comprender bien el motivo.

Elizabeth Butler, Letters from the Holy Land, London 1903, pp 18-21