Bonifacio de Ragusa

1555: última apertura del Santo Sepulcro

En 1555 Bonifacio de Ragusa, Custodio de Tierra Santa, obtuvo la autorización para proceder con algunas restauraciones y con la construcción de un nuevo edículo. Fue una restauración muy importante, y el franciscano dejó una descripción muy detallada de la obra que realizó. Fue la primera vez, desde 1009, que se descubrió el banco de roca en el que se había depositado el cuerpo del Salvador. Bonifacio describe en una carta este acontecimiento.

La descrizione di Bonifacio da Ragusa dei lavori nell'Edicola

Sub Paulo Quarto, et Carolo Quinto Imperatore invinctissimo, anno a Christo nato millesimo quingentesimo quinquagesimo quinto, XXVII Augusti, hora XVI

« Se ofreció a nuestros ojos el sepulcro del Señor de modo claro excavado en la roca. En él vimos representados dos ángeles, uno de ellos con una inscripción que decía: “Ha resucitado, no está aquí”, mientras que el otro, mientras señalaba al Sepulcro, proclamaba: “He aquí el lugar donde fue depositado”. Las figuras de estos dos ángeles, apenas entraron en contacto con el aire, desaparecieron casi completamente. Cuando, por la necesidad, se tuvo que remover una de las placas de alabastro que cubrían el Sepulcro, puesta donde santa Elena para que se pudiera celebrar allí el santo sacrificio de la Misa, se nos apareció aquel lugar inefable en el cual reposó durante tres días el Hijo del Hombre; ut plane coelos apertos videre tunc nobis, et illis, qui nobiscum aderant omnibus videremur. El lugar que había estado bañado en aquella sangre preciosa y por aquella mezcla de ungüentos con los que fue ungido para la sepultura y que difundía por todas partes resplandores de luz como si fueran rayos luminosos de sol, fue descubierto por nosotros, venerado con alegría espiritual y con lágrimas junto con todos los que estaban presentes. En el centro del santo lugar encontramos un trozo de madera, que estaba allí dispuesto y envuelto en un paño precioso. Apenas lo cogimos, lo tomamos en la mano con mucha devoción y lo besamos, al contacto con el aire el paño se consumió completamente dejando sólo algún hilo de oro. Junto a aquel precioso leño había algunas inscripciones pero tan consumidas por el tiempo que no había frase completa, aunque en el principio de un pergamino se podía leer en letras mayúsculas latinas: Helena Magni…”