Arculfo

Adamnanus, De locis sanctis, 680 dC (aproximadamente)

Primer testigo de la situación sucesiva a la llegada de los árabes a Jerusalén, el obispo gálico Arculfo nos ha dejado, por mano del monje Adamnano que lo interrogó y transcribió sus memorias de peregrino, una rica descripción del Santo Sepulcro y de los otros lugares visitados en la Ciudad Santa durante su permanencia.

Descripción de la Tumba del Señor

“En el centro de esta rotonda interior, un pequeño edificio circular ha sido excavado en un sólo bloque de piedra. Nueve personas pueden rezar allí permaneciendo de pie. Desde la cabeza de una persona alta de pie hasta la bóveda, hay un pie y medio de distancia. Este pequeño edificio se abre hacia el este. Todo el exterior está revestido de mármol seleccionado y la cima, decorada de oro, sostiene una gran cruz de oro. La tumba del Señor se ha excavado en esta misma roca en la pared interior norte. El suelo de este edículo es más bajo de la tumba: desde el suelo hasta el inicio de la tumba hay una altura aproximada de tres palmos (unos 70 cm)’. Esta es la información que me ha dado Arculfo, que ha visitado varias veces la tumba del Señor y la ha medido con precisión”.
De Locis Sanctis, Libro I, cap. II

De la piedra que cerraba la Tumba

“A mi pregunta (sobre el color de la piedra), Arculfo respondió: ‘Este edículo del sepulcro del Señor no tienen ninguna decoración interna y toda su superficie muestra hasta hoy la marca de los instrumentos usados por los canteros. La roca del edículo y de la tumba no es de un único color, si no una mezcla de rojo y blanco; como consecuencia, esta roca presenta dos colores’. Pero esto basta sobre el argumento”.
De locis sanctis, Libro I, cap. IV