La sepultura

Los relatos evangélicos no descrive el descendimiento de Jesús de la cruz y nos ofrecen pocos detalles de cómo cuerpo fue preparado para la sepultura.
En cuanto al descendimiento, se puede legítimamente pensar que a José le ayudaron otras personas. Respecto a la preparación inmediata para la sepultura, estos datos se pueden sumar a los que nos facilitan la Biblia y otras fuentes judías antiguas.

Partiendo de estas fuentes, normalmente los ritos preparatorios comprendían el cerrar los ojos, atado de las mandíbulas, el peinado de la barba y los cabellos, el lavado del cadáver y su unción, la vestición y la cobertura del rostro con un sudario ; seguía luego el cortejo fúnebre para el transporte del cadáver hasta la tumba, con los pies y manos ceñidos. ¿Se realizaron todas estas intervenciones en el cuerpo de Jesús?
Los evangelios silencian bastantes cosas y, dada la situación excepcional, hay que pensar que efectivamente se procedió con prisas.
El interés de los evangelistas al respecto parece detenerse en los aromas y la indumentaria.

Marcos y Lucas hablan de la compra de los aromas y piensan en aromas líquidos. Juan, sin embargo, piensa en aromas sólidos y habla de su empleo en la sepultura de Jesús.
El cuarto evangelista, el único que hace mención de Nicodemo, indica intencionadamente la medida desorbitada de cien libras –alrededor de 33 kilos-, de la mezcla compuesta de mirra, una resina aromática, y del áloe, un perfume, con el objetivo de demostrar que aquel muerto era realmente rey, como estaba escrito sobre el tablero que coronaba la cruz, y como tal había sido tratado.
También el sepulcro usado por Jesús era nuevo, como se hacía con los reyes. Los aromas se vertían sobre el cuerpo de las telas y las vendas, y se dejaban al lado del difunto. Es difícil, tomando como base solamente el texto del evangelio, hacerse una idea exacta de las telas y su número. Sólo la indumentaria fundamental consistía en una auténtica y propia túnica mortuoria o en una pieza de lino bastante cara usada para envolver el cuerpo del difunto, que debía cubrirse totalmente.
Así pues, el cuerpo de Jesús fue depositado en la tumba que los evangelistas llaman nueva, excavada en la roca, situada en un huerto no lejano del lugar de la crucifixión, que se cerraba haciendo rodar una piedra a su entrada.

En la época de Jesús los pobres era sepultados en la tierra ; Jesús, en cambio, recibió una sepultura que sólo los ricos podían tener. El grupo de las mujeres aparece como el cortejo fúnebre de Jesús que, dada la cercanía de la tumba al lugar de la crucifixión, debía de ser muy breve.
La piedad cristiana ha integrado siempre el relato viendo entre las mujeres a María, la Madre de Jesús, dispuesta a acoger una vez más en su seno al Hijo en un último gesto de piedad. Las mujeres son, sobre todo, testigos: han seguido a Jesús desde Galilea hasta el Calvario, lo han visto morir en la cruz y ahora observan la tumba ; serán las primeras en verlo resucitado, recibiendo de él el mandato de llevar el anuncio pascual a los hermanos.

En los relatos Evangélicos
Los disípulos escondidos