Las excavaciones arqueológicas

“El Santo Sepulcro de Jerusalén: aspectos arqueológicos desde los orígenes hasta el período cruzado”

A finales de los años ’50 del siglo pasado, los representantes de las tres Comunidades que oficiaban el Sepulcro se pusieron de acuerdo para iniciar las obras de restauración de la basílica.
Esta intervención hizo posible la realización de excavaciones arqueológicas y análisis profundos de las estructuras, estudios que son la base del conocimiento actual de la basílica y de su historia arquitectónica.

Desde siempre, había sido centro de interés de muchos estudiosos, pero hasta aquel momento había pocos elementos seguros para una reconstrucción de las obras que se habían estado realizando hasta el siglo XX.

La mayoría de las reconstrucciones se basaban principalmente en los testimonios de los peregrinos que describían lo que sus ojos habían visto con el pasar del tiempo. Ya desde 1844 había llamado la atención de los arqueólogos, cuando en el cercano Convento Ruso se encontraron restos del acceso al Martyrium constantino, con la escalinata en el cardo máximo (estudios publicados en 1930).

El ápice de la investigación precedente a las indagaciones arqueológicas se alcanzó con los estudios recogidos en los cuatro volúmenes del “Jerusalem Nouvelle” de los padres dominicos Louis H. Vincent y Félix M. Abel, publicados entre 1924 y 1926, donde propusieron un plano reconstructivo del Sepulcro Constantino en el que también p. Corbo basó las investigaciones sucesivas.

Corbo y Coüsnon en el Santo Sepulcro

Las apasionantes investigaciones arqueológicas realizadas desde 1960 hasta 1973 en la basílica del Santo Sepulcro gracias a los favorables acuerdos de las tres comunidades Católica, Griega y Armenia para la restauración de la basílica, fueron realizadas paso a paso por el arqueólogo franciscano padre Virgilio Corbo.
Desde el comienzo de las obras, el arqueólogo publicó con periodicidad constante, las relaciones preliminares contenidas en la revista científica “Liber Annus” y en varios artículos divulgativos en muchas revistas y periódicos.

La obra de investigación de 20 años de actividad en el Sepulcro que entregó al mundo y que permitió saldar los hechos evangélicos en el lugar venerado, fue subdividida por p. Corbo en tres volúmenes dedicados uno al texto, otro a las tablas de dibujos y de las reconstrucciones y el tercero, a las fotografías, y fue publicada en 1982 con el título: “El Santo Sepulcro de Jerusalén. Aspectos arqueológicos desde los orígenes hasta el período cruzado”.
El texto, escrito en italiano, estaba acompañado por un sumario y didascalias en inglés realizadas por el colega y estimado amigo padre Stanislao Lofredda.

Por primera vez se reconstruyó la larga historia del santuario a través de los datos materiales y de la documentación arqueológica, reunidos directamente por p. Corbo, tanto durante las excavaciones dirigidas por él que como observador cualificado de cada trinchera excavada en las partes comunes y como afortunado observador de aquellas zonas que estaban estrechamente reservadas a las Comunidades no latinas.

Y éste es uno de los méritos mayores de la publicación, el de haber reunido una gran cantidad de datos y documentación que, de otra manera habría permanecido dividida, y por haber elegido presentar los datos de manera “sintética”, sin privar al lector de síntesis históricas.

Mapa del Santo Sepulcro con las fases de la arqueología

Los resultados de las investigaciones se organizaron en cuatro capítulos:

  • 1. El sitio del Gólgota-Calvario antes de Constantino el Grande
  • 2. Los edificios constantinos
  • 3. La gran restauración de Constantino Monomaco – s. XI -
  • 4.La transformación cruzada

Los planos reconstructivos de cada una de las fases con la colocación de las estructuras que salieron a la luz, son la base de todos los estudios que en los últimos treinta años han analizado el Santo Sepulcro, y tuvieron en cuenta todas las novedades no solamente arqueológicas si no también arquitectónicas, conocidas gracias al descubrimiento de las piedras cuadradas de las paredes precedentemente cubiertas de revoques.

Para las áreas comunes del interior de la basílica, p. Corbo puso a disposición los datos recogidos de la excavación de canales o trincheras estrechas que debían servir para la colocación de subestructuras, y sólo en algunos casos obtuvo el permiso para alargar el área de excavación. Para las zonas de pertinencia latina puso a disposición todo el depósito arqueológico que se conserva en el área del patriarcado de la sacristía latina, en el coro de los Latinos o capilla de la Aparición y el altar de María Magdalena, colocadas al norte del Anastasis, y la capilla de la Invención de la Cruz.

Mientras analizaba las estructuras y hallazgos que iba encontrando, p. Corbo pudo confrontarse con padre Charles Coüsnon, el arquitecto de la comunidad Latina encargado de seguir las restauraciones de la basílica. Padre Coüsnon, que murió en 1976, dos años antes publicó la relación preliminar de su trabajo titulada “The Church of the Holy Sepulchre in Jerusalem”. El rico y estimulante careo entre los dos estudiosos a veces creó lecturas divergentes de los eventos y de las reconstrucciones del edificio. Una de las hipótesis de Coüsnon que fue mayormente aceptada por los estudiosos sucesivos, fue la de las columnas que componen la rotonda del Anastasis: las dos columnas originales que se han conservado desde tiempos de Constantino serían dos mitades de una columna más alta que perteneció al pórtico del templo romano de Adriano.

Respecto a Corbo, los estudios sucesivos no convergen principalmente en la atribución a Júpiter Capitolino del templo deseado por el Emperador Adriano en el lugar del Jardín del Gólgota. Corbo, que prefiere el testimonio de San Girolamo, declara haber encontrado restos de la triple celda del templo dedicado a la tríada Capitolina. Estudios más recientes tienden a sostener, de acuerdo con Eusebio de Cesarea, que el templo construido sobre la Tumba y sobre el Gólgota fuera el de Venus-Afrodita, un templo que podía tener forma redonda y en el que poder inspirarse los arquitectos de Constantino por la planta central del Anastasis.

Por último, uno de los aspectos hasta ahora menos destacado de la publicación de Corbo es la presencia de los dibujos realizados por los hábiles ingenieros, arquitectos y diseñadores que participaron en el relieve de las estructuras arquitectónicas, y que estuvieron al lado de Corbo y Coüsnon. De entre todos ellos, hay que destacar a Terry Ball, diseñador de talento anglosajón y uno de los primeros en comprender la importancia de restituir la historia de los edificios a través de dibujos reconstructivos: son suyos los detallados y elegantes dibujos de la fachada del Sepulcro.