Un período difícil

El año 1187 el ejército de Saladino reconquistó Jerusalén y la iglesia del Santo Sepulcro se cerró. Gracias a los acuerdos con el emperador de Constantinopla se restableció una jerarquía griega.
Los católicos, llamados Francos o Latinos, fueron readmitidos por un breve lapso de tiempo para después ser de nuevo expulsados durante la feroz invasión de los cuaresmianos el año 1244, cuando los cristianos fueron asesinados crudelmente y la basílica, una vez más, gravemente dañada.

El peregrino Thietmar, en el año 1217, dice que la iglesia del Santo Sepulcro y el lugar de la Pasión “están siempre cerrados, sin culto y sin honor, y no se abren más que alguna vez a los peregrinos, a fuerza de dinero”.
Ante las protestas del mundo cristiano, el sultán se excusó ante el papa Inocencio IV atribuyendo la devastación a irresponsables y aseguró que, reparados los daños, consignaría las llaves a dos familias musulmanas para que abrieran la basílica a la llegada de los peregrinos (una situación que dura hasta nuestros días).

Fue un período oscuro. Funcionarios sin escrúpulos se aprovecharon del deseo de las comunidades cristianas de acceder a la basílica. Los peregrinos, tras pagar una tasa, eran introducidos en la basílica y se les asignaba un lugar y un altar especial donde podían asistir, incluso durante algunos días, a las ceremonias que se celebraban en su lengua.
En aquel tiempo, se establecieron en Jerusalén colonias de cristianos procedentes de Mesopotamia, Egipto, Armenia, Etiopía, Siria, Grecia y Georgia. La reina georgiana Tamara obtuvo la exención de tasas para su comunidad y el permiso de vivir en la iglesia. Los monjes recibían la comida y los donativos a través de aperturas practicadas en la puerta de la basílica. El santuario empezó a decaer de forma gradual.

Los soberanos de Occidente, perdida la posibilidad de recuperar con las armas los Santos Lugares, establecieron tratados con los sultanes para asegurar el culto católico y la asistencia a los peregrinos. Los reyes de Nápoles tuvieron mucho éxito en este sentido consiguiendo, el año 1333, una residencia para la comunidad latina de Jerusalén.

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