La invasión persiana y la conquista árabe

Cosroes II y Heraclio

La conquista de Jerusalén por parte de los persianos en el 614 estuvo acompañada por tres días de saqueos y destrucción. El mismo Patriarca Zaccaria fue prisionero y robaron la reliquia de la Verdadera Cruz, para traerla de nuevo a Jerusalén por el emperador bizantino Heraclio en el 630.
El complejo del Santo Sepulcro en el que los cristianos de Jerusalén se refugiaron durante el asedio, fue incendiado y muchos fieles murieron. El abad de San Teodoro, Modesto, se empeñó en la búsqueda de los fondos para la reconstrucción de las iglesias destruidas en Jerusalén por los ejércitos persianos. Éste afirmó que todas fueron restauradas en el 625 d.C. y se deduce que fueron reparados también los daños que había sufrido el Santo Sepulcro.
En el 638, el patriarca de Jerusalén Sofronio, entregó pacíficamente la ciudad al califa Omar: las derrotas bizantinas contra los musulmanes que provenían de la península árabe cambiaron el curso de la historia de Palestina durante los siguientes cuatro siglos.
Es a causa de la visita del califa al Santo Sepulcro y a su oración en el exterior de la basílica del Martytion, en el pórtico oriental, la pérdida del derecho de acceso al santuario por la entrada principal, que se convirtió en lugar de oración individual para los musulmanes.
Los peregrinajes a la Ciudad Santa continuaron interrumpidos y las historias de los viajeros ofrecían una descripción del Santo Sepulcro y de los cambios que ocurrieron en este período como el desplazamiento del acceso por el lado sur, la construcción de una iglesia en el lugar del Calvario y de la iglesia de Santa María, además de la veneración de nuevas reliquias como la copa de la última cena, la esponja y la lanza expuestas en el religioso obsequio.

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