Ælia Capitolina


Una consecuencia importante de las rebeliones judías contra la dominación romana fue la destrucción de Jerusalén y la edificación de una nueva ciudad, la colonia romana de Elia Capitolina, dedicada al emperador Adriano que había deseado su construcción. Jerusalén se transformó así en una ciudad con características griego-romanas, dotada de cardo y templos dedicados a las divinidades romanas para borrar todos los recuerdos judíos. En esta nueva distribución urbana, el huerto del Gólgota se encontraba en el centro de la ciudad. En esta misma área se erigió un templo pagano construido sobre un terraplén que selló los restos más antiguos, tal y como cuentan los testimonios de Eusebio, obispo de Cesarea en el siglo IV y de San Girolamo, que vivió en Belén desde el 386 hasta su muerte.

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