De cantera a jardín


El Calvario, tal y como testimonian los Evangelios, debía encontrarse en las afueras de la ciudad, en una zona dedicada a sepulcros. Pero, ¿cómo se presentaba esta zona en tiempos de la crucifixión y resurrección de Cristo?
Las excavaciones arqueológicas de la segunda mitad del siglo XX demostraron la existencia de una vasta cantera para la extracción de la piedra malaki, situada a penas fuera de las murallas, y que se utilizaba desde el siglo VIII al I a.C. para construir los edificios de los ciudadanos.
Cuando se abandonó la cantera esta zona se utilizó para pequeños huertos y jardines cultivables y en sus paredes rocosas, a lo largo de la colina, se realizaron una serie de tumbas de familia.
El mismo Gólgota, el “monte” en el que se clavaron las cruces, debía aparecer como el pico de una roca más elevado y separado de la colina, un lugar adecuado para la ejecución demostrativa de las penas capitales.
Desde que Herodes Agrippa en el 41-42 d.C. amplió el circuito de la muralla de Jerusalén hacia el noroeste, el Gólgota empezó a formar parte de la ciudad, y de lugar aislado con el tiempo, se transformó en parte integrante y centro de la ciudad.

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